Muchas veces nos hemos visto enfrentados a la gran duda de cómo generar en nuestros alumnos metodologías para que el proceso del conocimiento sea de verdad eficiente y a la vez efectivo.

Por ello, vale la pena revisar – desde un punto de vista exclusivamente libre y no normado – los contenidos que debiéramos tener en cuenta al desarrollar nuestros ejercicios de taller.

La primera aproximación se refiere al contenido conceptual.

La tradicional enseñanza de la arquitectura se produce por dos actores. Un emisor llamado profesor y un receptor llamado alumno. Y el resultado se va definiendo por el ensayo y error del segundo ante los ojos del experto asumido por el primero.

Si lo analizamos fríamente, estamos quitando a ambos una capacidad de interacción objetiva respecto de la problemática ofrecida. La generación del diálogo arquitectónico es aquel que fortalece la entrega de uno al otro, así como fortalece la capacidad de argumentación del que aprende. Por ello, el concepto a trabajar debe necesariamente ser sostenido por el alumno y el profesor debe entregarse a la lógica de éste para la corrección. Por esa vía, podrá sostener una corrección desde la óptica propia de quien está creando, refiriéndose con ella a los puntos fundamentales que el alumno determina como prioritarios, secundarios e inclusive anexos.

Este desafío no es menor. Comprender el concepto a trabajar por el alumno implica necesariamente que el profesor bloquee su propia solución a la problemática, comprenda la determinación de variables que el alumno propone y entregue la corrección desde un punto de vista interno al proceso creativo del alumno.

Podrá criticarse en esta etapa que el profesor puede verse limitado al concepto propuesto por el alumno. A mi juicio, radica ahí la libertad de la enseñanza y la calidad del profesor, pues podrá- desde óptica ajena – refrendar decisiones que el alumno considera correctas.

Respecto del contenido procedimental, concurre no sólo el contenido propio del programa de la asignatura, sino aquello acumulado al momento de enfrentar el curso. La gran crítica al modelo educacional actual en nuestra disciplina está referido a la falta de integración de conocimientos, y por ende, de la falta de de éstos por parte del alumno.

Sin embargo, considero que es el propio profesor quien debe facilitar al alumno que proponga decisiones respecto de sus conocimientos en la aplicación propia del proyecto. En la medida que éste se enfrenta al modelo arquitectónico podrá ser capaz de intuir materialidades, calidades, estructuras y otros conocimientos ya adquiridos. Por esa vía, el contenido procedimental ya no se limita al propio contenido del curso, sino que adquiere sentido por los conocimientos y destrezas ya adquiridos.

Por último, el contenido actitudinal hace pensar en que será la disciplina de cada taller aquella que lo desarrolle. Cuando me refiero a ella simplemente invoco a entregar un saber hacer, un saber cuestionar, un deber hacer y un poder interpelar en la propia fundamentación.

No comparto la mecánica tradicional del encargo y la corrección ajena. Creo que los procesos de acercamiento al proceso creativo imponen un desafío tremendo a los profesores de taller pues en ellos está la responsabilidad de permitir que en nuestra disciplina se provoque diálogo, reflexión, argumentación; se adquieran posturas y defensas, sin dogmas universitarios pre establecidos.

Si existe diversidad en la entrega, existirá libertad de proyectos.